
Silencio inhabitado en las caras de un roído cuadrado. El hombre veía como la sonrisa humeante de su ser inconcluso, era poblado por duendes que trepaban entre los árboles de su miedo, por ratas muertas que acariciaban tiernamente su oscura cabellera. A lo lejos alguien cantaba una herida melodía, rompiendo con la longitud de las almas atrapadas en un indecoroso espejo.
Todo era una inútil percepción de lo vacío. El cuerpo bañado por gotas de semen ahogaban las cenizas de su conciencia. La piel de sus palabras, humedecidas por los temblores incipientes de un magma existencial. Y de pronto el recuerdo de su madre, cayendo en el vacío de lo vulgar, de una muchacha de piedra que lloraba sangre en el Olimpo de sus traiciones.
Aquella tarde comprendí, que no era Yo el que sonreía a través del espejo, sino que era la Felicidad del Malvado escondido en el llanto fúnebre de una gata en celo.
Joe Guzmán ...





Es natural, pronunció José Antonio. Segundos después se acurrucó a unos senos duros y frescos, frutos de un edén aún no descubierto, sus brazos se sujetaron delicadamente de las rayas azules que se entrecruzaban entre el fondo negro de la casaca de ella. Su órgano más sensible de su cuerpo pero que a la vez era el más maltratado en su etapa escolar, rosaba lascivamente con las curvilíneas caderas que explotaban en el pantalón ajustado de ella. Se excitó, esta es mi noche pensó, mientras que las líneas de sus manos mestizas, empezaban a leer la espalda apacible con algunas cicatrices que no eran más que la señal de una infancia infeliz de una niña criada por su padre. Mariposas de todos los colores revolotearon su mente, se sentía enamorado e incitado de verla con el pantalon de círculos negros,con el rostro sin maquillaje y con la cartera hecha pedazos.

Prendió un cigarrillo, respiró profundamente y empezó a fumar la soledad con una ternura endemoniada, con miles de recuerdos que nadaban en su turbada mente.